México sospechosista: ¿cortinas de humo o incredulidad exacerbada?

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Por Cristina del Peral

“Sospechosismo”: esa palabra inexistente de origen incierto —a veces atribuido a Fox, a veces a Daniel Cosío Villegas— que con cada día gana la aceptación propia de un vocablo bien establecido. México sospecha: de las instituciones, del “extranjero” y del vecino. Sospecha como el recurso que le queda luego de una serie de decepciones que inevitablemente develan la pregunta: ¿qué fue primero, la “sospecha” o la gallina?

encup-encuesta-mundial-de-valoresSi bien, puede debatirse cada teoría que asegure la gran cortina de humo que fue el escape del Chapo —o hasta el huracán Patricia, “aunque usted no lo crea”— no podemos negar que el sospechosismo tiene causa y apellido.

Haciendo un “mapeo” de  algunos de los eventos que mayor levantamiento de cejas incrédulas han causado, descubrimos una espiral sin un fin aparente, donde las teorías conviven y se nutren: como si el respaldo de las pasadas únicamente lograra fortalecer a la sospecha en boga.

Y es que queda más que claro que el mexicano no confía: esta grave tendencia responde a una problemática real donde la sospecha es un respuesta condicionada por la falta de transparencia e información concreta en diferentes aspectos de relevancia social para los mexicanos, como la política o la economía.

Pero  más allá de estas cifras ¿será realmente que los mexicanos nos basamos en la pura experiencia para mirar con recelo a los eventos dentro del acontecer nacional? ¿O habrá alguna predisposición que nos haga disfrutar de las teorías conspiracionistas?

Antes de que decidamos tirarnos al profundo pozo de la resignación, Paul Whalen, psicólogo de la Universidad de Dartmouth, asegura que nuestra tendencia a sospechar es más bien una reacción natural. El proceso es sencillo: cuando nos sometemos a una situación donde los niveles de estrés e incertidumbre son altos, la amígdala enciende una especie de  “proceso cerebral analítico” a través del cual se realizan evaluaciones repetidas de la información; todo esto con el fin de crear una narrativa coherente para entender lo sucedido y descifrar los pasos que debemos seguir. Evidentemente, en un proceso donde se deben llenar los “espacios vacíos de la historia”, hay un campo grande y fértil para que las sospechas pululen como margaritas. Pero querido lector, eso no es todo. Además de este factor biológico, existen otros que impactan en nuestro amor por construir sospechas:

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Esto de entrada debería tener un sabor agridulce: para la tranquilidad de los mexicanos, eso nos dice que realmente, no es una cuestión de nacionalidades, sino una predisposición bien humana. Pero también nos dice que puede ser una cualidad inexorable, la  cual nos obliga a querer caminar con sombreros hechos de aluminio en la cabeza.  Si bien es una realidad que compartimos entre los humanos, también es una realidad que nuestras circunstancias pueden hacer que esta actitud se mantenga en niveles relativamente bajos, o en niveles estratosféricos. “Y ¿cuáles son estas circunstancias?” Se preguntarán. Pues bien, todo se trata de un asunto de control…

Recordemos que a las personas nos da seguridad el sentirnos en control de nuestra vida. Inadaptados como estamos, físicamente, a soportar los caprichos de un planeta que convulsiona de manera constante, hemos buscado crear mediante la razón una serie de herramientas aliadas para controlar nuestro entorno. Sentir que las cosas que nos suceden son meramente movimientos del azar, nos hacer perder la esperanza sobre nuestra capacidad de comprender, predecir y controlar nuestro destino. Y como ya no hay una abundancia de Sénecas que acepten la existencia de la relación tripartita entre azar, destino y fatalidad, la pérdida de control se traduce inmediatamente en una  “amenaza”.

mexicanosMéxico, para bien o para mal, no es precisamente el país ideal para aquellos que tienen una relación cercana con el control, aunque sí somos, según Geert Hofstede, una cultura con una baja tolerancia a la incertidumbre… ¿vemos un poco por dónde se  mueve esto? Combinamos un eterno caótico con un rechazo cuasi unánime por sentirnos en descontrol.  ¿Qué hace entonces el mexicano? Poner “pausa” y “regresar”  no es una opción —al menos hasta ahora— pero lo que sí es opción, es recurrir al “control compensatorio”: para mitigar la ansiedad generada por nuestro entorno, delegamos simbólicamente el control en terceros, llámese persona, autoridad, o “entidad”. Una manera de lograr esto es a través de la creación de un “enemigo poderoso”; alguien o algo identificable que logre quitarnos el peso de sentirnos responsables por el descontrol.

Esto nos deja ver que es mucho más sencillo delegar responsabilidades que de hecho asumirlas. Pero, como buena salida “fácil” no viene exenta de consecuencias, así, el cobro por la tranquilidad de saber que nosotros no somos los culpables, viene con la construcción de una sociedad cada vez más paranoica, en la cual, nuestra visión del mundo se distorsiona constantemente, gracias a la búsqueda de teorías subyacentes para cada situación que se nos presenta.  estudio-dimensiones-culturales

Ahora, las preguntas obligadas tendrían que ser: ¿realmente nos ayudan las sospechas? Y ¿qué características tiene una narrativa sospechosista? La primera pregunta se responde a través de cinco mecanismos que se ven fortalecidos con el sospechosismo:

  1. Mecanismo desacreditador: el cual consiste en reducir la percepción de verticalidad y distancia  con respecto a las élites al “desenmascarar” y “poner en su lugar” a estos actores.
  2. Mecanismo de construcción del ego: sospechar aumenta nuestra autopercepción de inteligencia; es decir, nos sentimos más listos por considerarnos con una mentalidad “crítica”.
  3. Mecanismo de autojustificación: sirve cuando el mantenimiento de cierta postura puede resultar complicado, especialmente si se tratan de posturas muy controversiales. Así, generar teorías puede funcionar como un argumento para la propia justificación.
  4. Mecanismo de preparación: funciona como un blindaje emocional, a través del cual, podemos prever los posibles escenarios desfavorables y por ende, mentalizarnos y crear un plan de acción previo.
  5. Mecanismo de “deslinde”: el cual básicamente consiste en considerarnos como exentos de toda culpa en la narrativa sospechosista.  Al señalar culpables externos nos sentimos a la vez incapaces de realizar un cambio. El equivalente a decir que nos encontramos “atados de manos”.

Mientras que la segunda pregunta, o el qué características tienen las narrativas sospechosistas, puede contestarse a través de la descripción de los 4 elementos principales que las componen:

  1. Percepción de la existencia de algún beneficiario: existe la noción de que alguien se beneficia con cierto acontecimiento.
  2. Abundancia de preguntas sin respuestas: existen hoyos en la historia, reales o percibidos.
  3. Se intuye una historia “más completa”: como un “iceberg” se cree que lo que se ve tan sólo es una pequeña fracción de lo que sucede.
  4. Necesidad de evidencia: la falta de evidencia concreta fortalece la creación de sospechas.

laberintoPara este punto, tendríamos que tener 3 aspectos bien establecidos con respecto al sospechosismo. El primero es que se trata de una predisposición humana, el segundo es que sí varía según el tipo de sociedad en el que se dé y el tercero es que tiene mecanismos y narrativas bien establecidos.  A esto, únicamente habría que agregar un cuarto aspecto, resaltado en mayúsculas y de preferencia, tatuado en el antebrazo: el sospechosismo no es bueno ni malo, únicamente “existe” (con todo y aunque suene a filosofía de espejitos españoles).

Así, lo verdaderamente interesante de este sistema de pensamiento es cómo puede derivar en acciones sociales.  ¿Por qué?  Porque la conspiración es un sistema de pensamiento con un alcance tal que es capaz de derivar en acción. Cuando una teoría es lo suficientemente plausible es probable que genere un cambio en el actuar de las personas. Y no nos referimos al “cambio” que hace que construyas un búnquer en tu sótano, sino al cambio que impacta de manera radical en las acciones ciudadanas.

Esto significa, como si se trata de “El Secreto” a la mexicana, que podemos utilizar una tendencia a la alza, con un impacto que a veces puede caer en lo negativo, para darle la vuelta y crear en vez, una serie de consecuencias positivas que ayuden a cambiar el paradigma de pensamiento sospechosista: en lugar de aplicar el bien sabido mantra “estoy atado de manos”, se podría patentar una visión emergente y accionable a través de la cual la incertidumbre y las sospechas, sirvan como motores de un cambio social positivo.

Semblanza

Cristina Del Peral lleva 2 años trabajando en dlR Group en el área de SocialDecode. Tiene 5 chihuahueños que convierten cualquier tarea causal en una hazaña de dimensiones épicas. Mexicana de nacimiento y de corazón, tiene la esperanza de sobrevivir en la playa viviendo de vender pulseritas a los turistas.

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