Jornadas de un Investigador: Doña Refugio, un espíritu conservacionista

cuartel general

 

 

Por Eduardo Villegas

El presente escrito tiene como propósito narrar lo que en su momento se convirtió en un documental que describía, a través de imágenes, sonidos y pequeños fragmentos de entrevistas, el acontecer cotidiano en diversas rancherías y comunidades rurales de México.

Se trataba de pequeñas historias de vida que una importante compañía de cuidado oral llevó a cabo en diversas zonas del país a finales de la década de los ochenta y en la que se mostraban los hábitos de limpieza bucal de los entrevistados y la relación de éstos con diversos productos de la categoría.  Es quizá de las primeras aproximaciones de estudios de mercado, con enfoque etnográfico y de antropología visual, que se efectuaban en México.

En alguna sección del documental apareció Doña Refugio, el personaje central de esta historia y de quien sin duda hay mucho que aprender y reflexionar. Doña Refugio era una mujer de rosto amable y sereno, pese a sus 92 años de edad y a la inmensa cantidad de arrugas y de manchas de sol que marcaban su piel; se trataba de una mujer que reflejaba en cada conducta, en cada movimiento y en cada lento respirar la sabiduría que otorgan nueve décadas de vida acumulada y de experiencias a cuestas. Nunca me dejó de sorprender la naturalidad con la que se comportaba frente a la cámara, la capacidad para realizar sus actividades como si ésta no existiera y la franqueza con la que era capaz de mirar a la lente y conversar fluida e ininterrumpidamente como si estuviera hablando con algún familiar muy cercano

Como equipo investigador teníamos el reto y la tarea de capturar todos aquellos hábitos de higiene bucal que caracterizaban a nuestra protagonista, así como los ritos de limpieza que ella efectuaba, las más de las veces ya de forma mecánica o casi inconsciente.

Doña Refugio era una gran conversadora y le gustaba sonreír tras cada comentario o pregunta que hacía ante la cámara, siempre pensé que esa sonrisa era un compás de espera que ella abría para que uno supiera que sus respuestas y comentarios eran bienvenidos para ella, toda su postura y conducta corporal le recordaban a uno que la hospitalidad de Doña Refugio no sólolo era en su casa, sino que se extendía hasta su alma. Ella conservaba aún más de 9 dientes de su boca y los portaba con orgullo “… son mis tesoros”, decía mientras reía abriendo la boca, mostrando sendos trofeos y golpeándolos con la uña de su dedo índice para hacer constar la “dureza y salud” de los mismos,  “gracias a ellos aún puedo masticar y saborear las cosas que me gustan”.

Todos los detalles y ritos de limpieza quedaron registrados en aquel documental, desde el esmero con que limpiaba su  dentadura con el cepillo y el uso de la tortilla quemada para tallar y blanquear los dientes, hasta los repetidos y enérgicos buches con agua que Doña Refugio hacía una y otra vez mientras eliminaba los residuos de carbón de tortilla que se alojaban entre sus escasos dientes. Aunque eran muy pocos, los dientes de Doña Refugio sí se apreciaban fuertes, blancos y sanos, reflejaban claramente el cuidado y atención que ella les dedicaba y la importancia que les confería por ser utensilios que le garantizaban disfrutar sus alimentos

Tras cada buche, ella escupía esas bocanadas de agua que bebía desde una pequeña taza de peltre que también hacía las funciones de olla para hervir (así lo dejaban ver las manchas de tizne en la base de aquel recipiente), y las esparcía equitativamente entre todas las matas, arbustos y pequeños árboles que cercaban su diminuta casita de un solo ambiente y visible pobreza. Antes de que pudiéramos preguntar por qué hacía eso, Doña Refugio se nos adelantó diciendo:  “… agüita pa’ que crezcan y me sigan dando oxígeno”, y proseguía con sus bocanadas de agua y el enjuague de su boca prolongando el rito una y otra vez, sin prisa alguna pues, total, la batería de la cámara, la vida útil del rollo y el guión del documental no eran temas que le preocuparan a ella.

El detalle más estremecedor para todos los investigadores, o al menos así lo fue para mí y me marcó para siempre, sucedió en el momento en que Doña Refugio procedió, como todos los días, a guardar su cepillo de dientes, mismo que  “¡ya tiene más de cinco años conmigo!” (comentaba orgullosa y en voz alta pero casi conversando para sí misma, como haciendo un recuento e inventario de sus pertenencias y de las batallas que habían vivido juntas): tomó un pequeño trapo de manta que tenía la apariencia de una venda y comenzó a envolver la cabeza del cepillo dental imprimiendo bastante fuerza en cada vuelta, la fuerza que sus manos temblorosas y su evidente problema de artritis le permitían ejercer.

Lo que ella buscaba, sin duda alguna, era preservar firmes y rectas todas y cada una de las cerdas del cepillo, para que éste se conservara en perfecto estado y le siguiera siendo útil por muchos años más. Doña Refugio tenía la firme intención de que su cepillo de dientes fuera uno más de esos testigos silenciosos que daban cuenta de su existir en aquel pequeño poblado que la vio nacer y que, seguramente ¡la vería culminar su larga vida!

Hoy día que vuelvo a recordar aquel episodio que les he narrado y todo lo que a través de ese documental aprendí de Doña Refugio y de su historia de vida me vuelvo a preguntar: ¿Qué ha hecho que los seres humanos nos olvidemos de la importancia de preservar y cuidar los bienes que nos rodean?, ¿hasta dónde la cultura del consumo nos coloca en una desenfrenada dinámica de ‘desechabilidad’, de desperdicio, de excesiva producción de toneladas de basura?, ¿de maltrato o indiferencia a las plantas y a los árboles que nos dan vida?… Volteemos un poco, empresas, consumidores, gobernantes y ciudadanos a ver las enseñanzas de Doña Refugio, a cuidar nuestros bienes y nuestros recursos, a reutilizar el agua para propiciar vida, a generar negocios sustentables con alma verde y, sobre todo, a sonreír a boca abierta con la satisfacción de la tarea cumplida y la conciencia en armonía con nuestro entorno.

El pasado 6 de junio del año en curso se realizó la Segunda Cumbre Mundial de Legisladores GLOBE, por sus siglas en inglés (Organización Global de Legisladores por un Medio Ambiente Balanceado), que es reconocida por la Organización de las Naciones Unidas y reúne a más de 300 parlamentarios de 80 países que trabajan en acciones comunes en beneficio del medio ambiente.

México es pionero en el tema de cambio climático, pues es el segundo país en aprobar una Ley General en la materia (el 6 de junio del 2012, de ahí que se buscara arrancar la 2ª Cumbre justo en dicha fecha), esperemos que el espíritu conservacionista de Doña Refugio siga inspirando estos esfuerzos y nos vuelva a conectar en armonía y reconciliación con nuestro mundo.

*Nombre ficticio para proteger la identidad del protagonista y describir su espíritu conservacionista.

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